Alzamos nuestros brazos cuando estamos sobre ruedas, inestables inconsistentes y aun así, los alzamos.
Así es la ilusión de libertad.
Somos así de ingenuos, cuando deberíamos agarrarnos con fuerza al presente (a la carreta sobre la que estamos) levantamos las manos cómo entes libres, sin saber que podemos perder el equilibrio y caer.